El Machismo y El Concepto Bíblico.
El domingo 28 de octubre de 2007 en la sección de Enfoques de La Prensa Gráfica, encontramos la siguiente noticia: “Ley “diabólica” para mujeres: El juez Edilson Rumbelsperger Rodrigues, de la ciudad brasileña de Sete Lagoas (Minas Gerais), calificó como “absurda y diabólica “la ley promulgada en 2006 que aumentó las penas para los culpables de violencia contra las mujeres. En sus sentencias, que libraron del castigo a varios hombres, el juez argumentó que “el mundo es masculino, Dios es masculino, Jesús fue hombre” y que la mujer es culpable de la “desgracia de la humanidad” desde que pecó en el Edén."
 |
Nadie puede negar que ese juez brasileño es un machista declarado y que no ejerce la justicia adecuadamente; pero no hay duda de que el concepto bíblico, al menos en las traducciones de que disponemos, Eva es la tentadora, seductora o engañadora. En la Biblia, el diablo engaña a Eva y ésta engaña a su marido. Incluso cuando Adán es increpado por Dios, le echa toda la culpa a Eva: La mujer que me pusiste a mi lado me ha dado la fruta del árbol. Típico comportamiento Occidental. El Corán, contrariamente a la Biblia, atribuye la misma responsabilidad a ambos, Adán y Eva, por el error cometido. En ningún lugar del Corán podemos encontrar la más leve insinuación de que Eva tentó a Adán para que éste comiera del árbol, o que ella hubiese comido antes que él. La imagen bíblica de la Eva tentadora ha tenido un impacto negativo sobre las mujeres en la tradición judeocristiana. La menstruación, la concepción y el embarazo, fueron considerados como un justo castigo. En Eclesiastés Capítulo 7 Versículo 26 se lee: "Y encuentro que la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es un lazo, su corazón es una red y sus brazos son cadenas. Quien agrada a Dios, escapa de ella; más el pecador en ella queda preso. Fuera de ello, para purificar a los seres humanos del “pecado original”, Dios tenía que sacrificar en la cruz a Jesús, que es considerado el Hijo de Dios. Por consiguiente, una mujer, Eva, es responsable de su propio error; del pecado de su marido, Adán, del pecado original de toda la Humanidad y de la “muerte del Hijo de Dios”. El Nuevo Testamento continúa con la misma línea: Escuchemos el tono severo de San Pablo en el Nuevo Testamento. (1ª Timoteo 2: 11-14): “La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre…Debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego Eva. Y Adán no fue engañado; fue la mujer quien fue engañada y se volvió pecadora”.
Ejemplos adicionales se encuentran a montones, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento; en los libros de los Padres de la Iglesia; en las tradiciones Judías y en las tradiciones cristianas. Por otro lado, Dios es infinito, es el Todo y por consiguiente definirlo con género, es hacerlo incompleto. De esa forma definir a Dios, como el Padre, y más aún, dibujarlo con figura de hombre, es un error conceptual, que el Corán no comparte. El cristianismo sin embargo, define al creador como Dios-Padre y hace al “hombre” creado a su imagen y semejanza. El concepto de la Trinidad es así típicamente masculino: Dios Padre – Dios Hijo y Dios Espíritu Santo: tres personas distintas (masculinas) y un solo Dios verdadero. En el Islam, los conceptos anteriores son descartados: Satanás es el engañador y tanto Adán y Eva juntos, son engañados. Ellos le piden perdón a Dios y Allah los perdona. No hay así pecado original, por culpa de Eva. Y si bien en el Corán, también Adán es creado primero, esto no es una ventaja evolutiva, sino todo lo contrario.
La evolución
que es la creación de Dios, a través del tiempo humano, hace a las criaturas más evolucionadas, con cada creación subsiguiente. Dios hizo a las criaturas y al final hizo al hombre. Y vio que hasta ese momento, era la criatura más perfecta. Pero después vino la mujer. De esa forma, esa creación posterior no es símbolo de debilidad y dependencia, sino todo lo contrario. Representa mayor evolución. Por otro lado, para ser madre se necesita primero ser mujer. Ser madre es el más extraordinario don, el más honroso. Decir madre es manifestar el más sagrado amor que Dios creó, es cosa de Dios sólo para mujeres, sin tizne de hombre. El amor de la madre es más grande que cualquier otro sentimiento humano; es luz del sentimiento y pureza de la acción.
Aún en sociedades patriarcales del Medio Oriente el amor de la madre está por encima de cualquier otro sentimiento. El profeta Muhammad – que la paz y bendiciones sean siempre sobre él – reconoció que el paraíso se cobijaba bajo las sombras de las madres y al preguntarle a quien debemos querer más en la Tierra, contestó: a la madre y luego: a la madre y luego: a la madre y en cuarto lugar contestó: al padre. El concepto de Dios en el Islam, requiere un nombre, Allah, que no admite masculino, ni femenino, ni plural. Es el todo, el Infinito. Hay tendencias en algunas iglesias de describir a Dios como Padre – Madre; esto, aunque combina ambos géneros, también contiene un error conceptual: Dios no está sujeto a la generación. Es el todo. En cuanto al “Hijo de Dios”, el Islam lo rechaza. Reconocemos en Cristo, al verbo encarnado de Dios, creado por Dios, en una forma diferente, sin contacto de hombre. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Claro, en el vientre de María, una mujer permanentemente Inmaculada; al igual que su hijo, Jesús. Y allí está el papel de la mujer, como transformadora. Algo que está vedado al hombre. El Infinito crea a un ser, a través de su palabra: Kun Faya Kun. Sé y así se hizo. La Virgen María, es Madre de Jesús y continúa siendo Virgen. En la creación de Adán, el papel de Madre, lo ejecuta la Madre – Tierra; y de allí que la Tierra, en la Alquimia, es femenina.
La mujer en Occidente ha sido históricamente señalada; sometida, abandonada. Sus derechos conculcados. Incluso se les negó sistemáticamente el derecho a la propiedad; a la educación; a la herencia; al voto; a leer los libros religiosos; se le prohibió que enseñara y que recibiera enseñanza; a que gozara de su sexualidad; al orgasmo; a su seguridad; hasta bien entrado el siglo XX (todavía las violaciones y asesinatos contra ellas son comunes e impunes). La liberación de la mujer en Occidente es reciente y esto se logró no por la influencia del Cristianismo, o del judaísmo, sino por movimientos sociales laicos. Y aún ahora, liberada, se le deja que sea autosuficiente y que de paso, mantenga su casa; sus hijos, sus familias y a veces hasta a su marido. Cuando se les mantiene; generalmente también son engañadas. En el Islam, aunque se le acusa de machista y de someter a la mujer ha sido y es, todo lo contrario. Si bien diferente, lo cual ha llevado a otra campaña de desinformación, que trataremos de aclarar, si Dios nos lo permite.
Mi Hijab es mi Corona
El Islam y la mujer.
El estereotipo de la mujer, que viene a través de las enseñanzas bíblicas, con Eva, la causa de todos los males de las Humanidad y un concepto machista; que el Islam no comparte. Esto ha sido la tónica histórica del Mundo Occidental, que se fue agudizando en los siglos posteriores. La mujer estaba vedada a todo y era señalada como la causa de todos los males y de todas las tragedias. En lugar de ser aplaudidas por su pureza, fueron generalmente censuradas. Ya Juana de Asbaje y Ramírez, conocida mejor como Sor Juana Inés de la Cruz, decía en su bello poema de 16 estrofas y un encabezado, lo siguiente:
Hombres necios que acusáis /a la mujer sin razón/,
sin ver que sois la ocasión / de lo mínimo que culpáis/
Si con ansia sin igual / solicitáis su desdén/
¿Por qué queréis que obren bien / si las incitáis al mal?/
Y más adelante continúa:
Con el favor y el desdén / tenéis condición igual, /
Quejandoos; si os tratan mal / burlándoos, si os quieren bien. /
Opinión ninguna gana, / pues la que más se recata, /
Si no os admite, es ingrata y si os admite, es liviana. /
…Los extremos siempre se juntan…Mencionaremos 2 ejemplos: El que más se atrasa para pagar cuando debe, es el que cobra con más insistencia cuando le deben y la persona que más critica las actuaciones de los demás; generalmente es la persona que tiene el techo de vidrio más frágil; claro, hábilmente oculto. Todo ser humano se considera lleno de “virtudes” y le es fácil criticar a su vecino, a su amigo o a su pariente. De allí el concepto Todo el Mundo está loco, menos tú y yo. Aunque a veces, dudo de ti.
El Islam enseñó la Paz y el Amor, la igualdad entre sexos y razas, defendió la Justicia y los Valores Morales; la Libertad Religiosa y de expresión están reconocidas en el Corán y dió Derechos hasta a los animales y plantas. Fue sin duda el primer defensor de la mujer, la igualó con el hombre, y la honró asegurándole todos sus derechos, cuando en Europa se preguntaban si la mujer tenía alma; reconoce que: es un deber para todo musulmán y musulmana buscar el conocimiento.
Esto dió lugar a la preparación de la mujer y le dió poder de decisión. Y por supuesto, el derecho de la Herencia y a tener propiedades a su nombre. Esa costumbre era velada en Europa, y tan solo fue posible obtenerlas con los movimientos libertadores laicos del siglo XX. Y para aquellos que se quejan que su esposa ha perdido sus atributos físicos con la edad, un consejo islámico sería equitativo: ve a verte tú también en el espejo, de cuerpo y sin ropa alguna y ve si tú no has perdido tus atributos también. La mujer de la juventud no se abandona, a no ser que los pleitos permanentes sean intolerantes.
El divorcio es permitido en el Islam y la mujer y el hombre divorciado pueden volver a casarse y rehacer sus vidas. Aunque el Islam, es claro al respecto: El Divorcio es lo que a Dios menos le agrada, de lo que permite. De allí que la conciliación entre los cónyuges, siempre es lo más aconsejable. Muchos creen que ser musulmán, es sinónimo de tener muchas mujeres al mismo tiempo, cuando esto es más bien producto de las sociedades occidentales; donde existe la poligamia encubierta, irresponsable y engañosa.
El Islam que desecha el engaño y la mentira y aborrece esa sociedad de apariencias, prefiere legislarla, encarando la realidad y otorgando derechos, pero exigiendo deberes. Como lo vemos en el Antiguo Testamento, los antiguos tenían exageración en el número de esposas, siendo Salomón el más distintivo de ellos. En 1 Reyes Capítulo 11 Versículo 3 se afirma que Salomón tuvo 700 esposas y 300 concubinas. El Corán exigiendo responsabilidad y atención, no sólo material, sino tiempo y satisfacción, limitó a 4 el número máximo, en un momento en que la costumbre tenía a exagerar el número, pero aconsejó claramente, que el ideal es solamente 1…Fuera de ello no es una obligatoriedad y los deberes y responsabilidades son tan grandes, que más del 90% de los musulmanes, solo tienen una esposa y menos del 10% son polígamos. Estas cifras son iguales en Occidente, solo que al revés. De allí que podemos afirmar con claridad, que los musulmanes que recurren a la poligamia, son muchísimo menos frecuentes, que los esposos infieles que viven en las sociedades aparentemente monógamas…
Ante eso, hay además otras limitaciones. La Poligamia en el Islam depende del consentimiento de la mujer, lo cual es cierto, tanto de la primera esposa, como de la eventual segunda. Por supuesto que la segunda mujer puede rehusar convertirse en la esposa de un hombre que ya tiene una. En cuanto a la primera mujer, la poligamia depende igualmente de ella. Si la primera mujer exige ser sólo ella; el hombre tiene que renunciar a su derecho de poligamia y por ningún motivo puede casarse con otra, por que sería engañar a su mujer y romper el contrato matrimonial, incurriendo en un delito. Claro podría no casarse con ella y buscar a otra que le acepte ser polígamo; y la presunta esposa, buscar a un hombre que le prometa ser sólo de ella …Estas son las reglas claras del juego, donde nadie sale lastimado… La mujer, al casarse con un musulmán está segura de lo que le ha sido prometido. Si su marido renuncia a la poligamia, será un matrimonio monógamo real (no el común, generalmente de apariencia).
Por otro lado, el hombre tiene que proveer, mantener, satisfacer, cuidar y proteger a su mujer (o a sus mujeres) y a sus hijos, dándoles a todos, su apellido, su ejemplo y patrimonio. No puede -aún sin renunciar previamente a la poligamia- tener otra mujer y otro hogar, cuando la mujer trabaja para colaborar en el mantenimiento del hogar; o bien, aunque la mujer no trabaje, que el sustento de la casa y su presupuesto, sean insuficientes. Fuera de ello, no es la poligamia un sistema para ir cambiando las mujeres más viejas por otras más jóvenes; ya que la mujer tiene derechos adquiridos. “Dadle a tu mujer como Dios te ha dado y ella te ha dispensado”.
Los hijos ilegítimos abandonados, sin reconocimiento alguno, el engaño, la paternidad irresponsable; la maternidad dubitativa; las esperanzas truncadas; el temor a lo oculto; la inseguridad, el aborto, las madres solteras; el divorcio; la infelicidad de los hijos, los sentimientos heridos, etc. son producto de esa poligamia encubierta y no reconocida en Occidente. Nosotros hablamos al principio, de basura debajo de la alfombra. Jesucristo fue más duro al referirse a ello.
